La soledad, rito que cada noche me ahoga,
es en realidad lo único que me pertenece.
Prefiero, pues, fundirme con la droga,
no concienciarme de que de nuevo amanece.
No soy capaz de sentir nada en mi interior vacío,
sólo siento el viento helado de falsa estabilidad.
Ni al falso ídolo, ni siquiera al adorador impío,
sólo siento constantes estados de mezquindad.
Puedes tratar de convencerme siempre
diciendo que es mejor la realidad,
te ignoro, pues sé cuán duele despertar
de un falso sueño, delirio de libertad.
Alma muerta, siempre cansada de ella.
La que sangra, teme y a cada momento delira
por dejar de arrastrarse, por la visión bella
de verse muerta incendiada y libre en la pira.
No duermo, no temí jamás a la muerte.
Solo temo cada día a sin ti existir,
a la humanidad, a mi mala suerte,
al vacío que deja el alma al mentir.
No verás más tu reflejo en mis pupilas dilatadas,
ni recorrerás mi costado desnudo una mañana más
porque mi dolor es amar a una persona a escondidas
y ni estando en el infierno deseo que lo sientas jamás.
Jamás necesité ninguna voz que me defienda,
viviré en la locura, mi religión perfecta,
doctrina sagrada, la que nadie jamás entienda,
acumulándoseme en mi caja torácica, infecta.
Y si vuelvo a enredarte con una lágrima amarga,
o si nuevamente, en mi seca garganta, se engola,
sólo oirás el trueno desgastado de mi ajada adarga
y el olor quemado de mi orgullo hecho banderola.
Un blog chapucista, de fumadores, y de derechas
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miércoles, 4 de mayo de 2011
domingo, 31 de octubre de 2010
Sans titre
Perplejidad y admiración: lo mismo que contigo me pasa. Mientras yo no he sentido más que una absoluta indiferencia por el mundo y la he encontrado siempre en cada esquina y en cada mirada, me he limitado a cruzar por él de puntillas y ocultando a medias mi profundo malestar y hastío.
Cuando te percibí caminando a mi lado con esa careta permanente de falsa amabilidad y alegría, sentí que dentro de ti también había un foco que generaba una oscuridad devoradora similar a la mia, como una fuerza universal, mintiéndote y destruyéndote con ello en un gesto de amor hacia los demás, para no preocuparles con tus pesares solitarios.
Sabes...cada vez que lo recuerdo, cada vez que te recuerdo con ese ojo amoratado y esa sonrisa de disculpa me acuerdo de que en las novelas rusas los manicomios eran lugares donde frecuentemente dos seres solitarios transportados allí por la locura o la desdicha más miserable, se cruzaban en su caminata demente hacia la nada existencial, y cuando sus miradas se encontraban al caer la tarde, magnetizados mutuamente, se sentaban en el mismo banco de hierro forjado con rosas negras punzantes e intercambiaban unas primeras frases, para salvarse dándose un abrazo intangible antes del frío anochecer.
Y entonces he pensado en nosotros y en porqué te admiro tanto
miércoles, 30 de junio de 2010
El ayer que se convirtió en tumor
Una mirada es suficiente para lograr entender
tu incomprensión hacia mi ente, un vil hastío.
Oigo el derrumbe de un glaciar interior sin ver
que lejano estás, pues partiste en navío.
La disonancia del amor y mi envenenamiento
el crepúsculo solloza en silencio nostálgico.
Caminaré sin rumbo, con semblante trágico,
tratando hallarte, ignorando el agotamiento.
Te busco concienciada de que te merezco
y te encuentro en brazos de otra, ¡NECIO!
Trémula, entre las penumbras desaparezco
ahogándote, demente, con una soga de desprecio.
Mi corazón y alma quebrantados crecen,
tiesos, duros y helados por los celos,
ignorando el sentimiento que subyacen
pues te marchaste, traidor, a otros cielos.
Abatida al lugar de tu abandono regreso,
atravieso las grandes ciudades y anchos océanos,
el odio me guió, la sangre ilustró el trayecto
apenas pudiendo arrastrar tu muerto peso.
Al borde del abismo arrullándote me encuentro
sollozando sumida en mi frío y letal invierno,
me lanzo al vacío deseando por dentro
arrastrarte, muerto, conmigo al infierno.
Amor mío, para compartir un idilio
con paciencia has de alimentarlo
Para escribir un poema de suicidio
sólo he de recordarte y desearlo
viernes, 18 de junio de 2010
Ecos
Las respiraciones bajo la lluvia tienen matices metálicos, un curioso tictac, al igual que el sabor de la sangre fresca.
Cada uno de los pasos que doy bajo la lluvia son sobre charcos, facilitándome así recordar el sabor de las tardes infantiles, el tacto de los besos de antes de ir a dormir y el peso de una acuarela a la que se le pone un punto y final tras semanas de duro trabajo.
Cada vez que doy uno de estos pasos, el taconeo de las botas me hace evocar el chasquido de los engranajes del viejo reloj que, de forma casi obligatoria, los abuelos tienen en su salón monocromo.
Todo tiene su mecánica: el sonrojo de unos ojos azules, la mente de un asesino en serie, los pestañeos coquetos de una prostituta, los tics de un maníaco-depresivo y los últimos latidos de un corazón.
Incluso el hecho de abotonarse la casaca cada mañana tiene un regusto metálico, sentido a través de los dedos al manipular los botones fríos.
Sólo nos queda cuestionarnos qué sería de esta perfecta armonía de relojería si uno de los engranajes deseara poner fin a su trabajo.
¿La nada existencial?
lunes, 14 de junio de 2010
Dos dedos en la boca y el relente de la estupidez
Una vez más paso la noche, sola, deseando que me crezcan un par de alas negras, mientras una rosa roja estalla en mi pecho, manchando las cuatro paredes de color blanco sucio entre las que me entierro viva.
Mi ataúd blanco...cuántas horas habré pasado ahí dentro perdiendo la noción del tiempo, gritando en silencio mientras mi lecho se transforma en un lago salado, convertida en un erizo mudo ante las personas que me visitan por lástima, esperando a quienes jamás llegaron, autodestruyendo mi sistema inmunitario, creando agujeros negros y viendo como mis terrores nocturnos chorreaban como sangre ponzoñosa por las paredes y el techo, saciándome con alimentos innecesarios hasta el hastío y odiándome por ello para luego quemar mi imagen ante un espejo deslucido y lleno de vaho, viviendo en un duermevela perpetuo mientras me intoxico con miedos, complejos y frustraciones, creciendo de forma caótica.
La soledad autoinducida y la misantropía han sido mi mortaja y mi velo mortuorio, los que me han protegido contra la lluvia de acusaciones, de cejas arqueadas, dándole a la vida diaria un tono sepia desgastado por la desilusión y ayudándome a vivir poniendo un rostro agradable ante quienes deseo pegar fuego en la pira de mi memoria.
Lástima que haya perdido el tiempo autodestruyéndome, mirando las golondrinas por la ventana, deseando ser una de ellas y emigrar a mi hogar.
Lástima, qué poco tiempo me queda para dejar de disfrutar del espinoso nido que es mi ataúd.
Gracias por leerme, seguiré mirando al suelo vomitando letras manchadas de sangre y tinta seca, aferrándome a mi golondrina de plástico.
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jueves, 3 de junio de 2010
La temperatura a la cual la tinta arde.
Parece que nada crece en el tramo existente entre mi corazón y mi mente, pero una vez más miento, miento por enfermedad, por rutina, por autodestruirme más lentamente.
Crece la misma bazofia de siempre, la que creí haber lanzado al retrete de mis recuerdos, pero por despiste o de forma subconsciente, no tiré de la cadena y ahora me veo rescatándote con la boca.
Si me levantaras el cráneo, en las circunvoluciones de mi cerebro encontrarías las claras huellas dactilares de tus dedos, siempre serás mi sombra contraria, la que no se proyecta a mis espaldas, sino la que camina delante de mí, sometiendo a mi sistema límbico a seguir tu ruta hacia mi autodestrucción.
Eres el fluido incorpóreo, el espejismo onírico, el milagro incompleto de mi propia mente, la feromona que activa mis instintos más primarios, el espejo que me produce el dolor más placentero y el veneno más corrosivo que bombean mis arterias, ¡eres real!, ¡eres la locura enfermiza que entinto sobre el corazón y el papel!
Sin duda no puedo renunciar a tí, al eliminarte del universo goteante y rojizo en el que me encarcelo para huir de tu espectro, a sabiendas de que caeré de nuevo arrodillada ante ti, derrumbaría al principal atlante que sujeta el templo pagano que te rinde culto en silencio.
Cuando termine este pequeño trámite hacia un segundo año, huiremos el uno del otro dejándome, como recuerdo infernal, una triple M sangrante en el pecho y habiéndome hundido en el retrete de lágrimas del que escapaste trepando por mi ahorta.
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sábado, 15 de mayo de 2010
Todo se desentierra con la lluvia
Seré una estúpida más que se lamenta en vacíos versos,
una criatura estigmatizada, despojada de su mezquina corola,
que incinera, enferma de palabras, sus pétalos tiernos
y ante tu figura enjuta y herida, se inmola.
Perdimos la mirada rozando occisos, distraídamente,
tras velos acuosos que nunca juntos volveremos a bordar.
Irguiéndome entre tinta y recuerdos, te pediré solamente
ser sepultada por el olvido perenne del oscuro y profundo mar.
Mira qué fácil, cuán inconsciente fuiste al caer
emitiendo goteos muertos en los ponzoñosos agujeros
que venenosos en mi seco pecho crecen, sin dejarse ver,
consumiendo tus esperanzas, sentimientos y dulces sueños.
La hosquedad nos devora y me resigno a caminar
con los ojos callados y fríos, atravesando, además,
una línea carmín y chorreante para poderme alcoholizar
con esos ojos oscuros que ni fueron ni seán míos jamás.
Pensaremos una vez más que somos frágiles, pardas hojas
que se perderán en las profundas aguas sin saber suspirar;
impulsadas por la ronca garganta del aire, tercas,
paralelas, desconocidas, sin habernos deseado amar.
miércoles, 5 de mayo de 2010
En cáscaras podridas darás frutos.
Soy un vertedero de piel de llamaradas etéreas.
que bebe recuerdos con semblante ávido,
autorresignada a tragar cápsulas y falsas panaceas.
No me evoques, incauto, jamás he existido.
Hago caso a la llamada de la sombra de un síndrome
que busca su delirio nocturno en copas de muerta raigambre.
Huiré a mi interior interfecto, temerosa, insomne,
y alimentaré la locura propia manchándola de sangre.
Pertenezco a la húmeda pólvora de un fósforo,
al átomo mínimo del cráneo inexistente,
a la figura autoconversa en necróforo
que destruye el estúpido y amostazado ente.
Planté huevos con sueños más allá del sonido,
que se estancaron por abismos subterráneos
de barreras de carne y piel, pétreas por lo sórdido.
de los profundos y taciturnos silencios.
Escapar de la locura engañándome a mi misma,
ansiosa por experimentar,por estupidez e inercia,
hundiéndome en la onírica y espesa marisma
de momentos desagradables, convertida en necia.
que bebe recuerdos con semblante ávido,
autorresignada a tragar cápsulas y falsas panaceas.
No me evoques, incauto, jamás he existido.
Hago caso a la llamada de la sombra de un síndrome
que busca su delirio nocturno en copas de muerta raigambre.
Huiré a mi interior interfecto, temerosa, insomne,
y alimentaré la locura propia manchándola de sangre.
Pertenezco a la húmeda pólvora de un fósforo,
al átomo mínimo del cráneo inexistente,
a la figura autoconversa en necróforo
que destruye el estúpido y amostazado ente.
Planté huevos con sueños más allá del sonido,
que se estancaron por abismos subterráneos
de barreras de carne y piel, pétreas por lo sórdido.
de los profundos y taciturnos silencios.
Escapar de la locura engañándome a mi misma,
ansiosa por experimentar,por estupidez e inercia,
hundiéndome en la onírica y espesa marisma
de momentos desagradables, convertida en necia.
sábado, 3 de abril de 2010
Cuando el alma se sale por la boca o el vómito existencial nocturno.
Paso atrás, paso atrás, paso atrás, paso atrás, paso atrás, salto mortal hacia delante.
Tímidos "deberían", algunos "debería" e incontables "deberías".
Caer de pie se ha convertido en una meta; mancharse el pecho y pintarse los labios con la sangre propia sintiendo placer, en un vicio, una adicción, una enfermedad.
Al sentir que parte de la conciencia se desdobla de mi yo en un stand by deseablemente irreversible, se excitan todos y cada uno de mis poros obstruidos de mentiras, vapor tóxico atemporal generado por un maltatado sistema límbico y mil errores empolvados en un cajón.
Los silencios se transforman en medianoches acompañadas bajo sábanas almidonadas, en deseos guturalizados brutalmente, en recovecos de cuerpos desconocidos que caen a un vacío invicto sediento de arterias llenas de recuerdos.
Al rozar a oscuras unos labios que ocultan una lengua que no habla mi idioma, algo más se apaga en mi interior, dejándome en una penumbra nicotinada y turbia, con el corazón apergaminado tras malgastar palabras ahogadas en aguarrás reciclado incontables veces.
Tras mirarme las manos sucias y la cadera lechosamente desnuda me pregunto cuántos pasos es capaz de dar un pie con un ojo tatuado.
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