Un blog chapucista, de fumadores, y de derechas

jueves, 20 de mayo de 2010

Real Academia Española de las Chustas


"Pablollo", le dije. "Descríbeme la mirada de Lola".

Un recatado trazo de orgullo se dibujó entre la espesura de su perilla. Por supuesto, no habría esperado menos de él. Se irguió y, con un paso adelante, rompió el círculo que formábamos para comenzar a leer directamente de un legajo amarillento que alguien había rescatado tarde del mar.

Galope
canalla
entre recodos
de tango,
canción de niña
en ángulos
agudos
de mujer.
Miente
la aguamarina
de sus pupilas
capciosas,
pero el alma
esférica
de sus versos
aúlla
la Verdad.


"Ahora, Lola, cuéntame cómo ves a Mostaza".

Pablo le entregó el papel a nuestra compañera y regresó a su sitio. La Lola, sentada en cuclillas, sostuvo largo rato el lápiz entre los dientes mientras el fuego de la hoguera se espejaba en una mirada burlona, latente a la vez de callado ingenio, que apuntaba al cielo oscuro como si allí pudiera encontrar una solución para los aún imprecisos versos que se formaban en su coleto.

Cuando el cuerpo más teme a la noche
(y la noche más adora al cuerpo),
un muy barroco deseo de fuga
rememora con fiereza los "pudo ser",
saborea con placer los "ojalá sea"
y llora en calma por los "nunca será".



A Mostaza tuvimos que disuadirla de que no se sirviera el cuarto vaso de vino. Trazaba sus palabras con tal mimo, con tal persistencia en la corrección y en el equilibrio de la forma, que por un momento temimos que su descripción sobre Aponia debiera postergarse hasta el próximo invierno.

Como un jinete desterrado al que morir no le asusta,
su único faro de guía es un plenilunio ardiente
como el de su frente enérgica y su voz adusta
que bajo la luna encuentra, para su prosa, una simiente.


El reposado ritmo de las escribientes anteriores quedó enteramente roto cuando Aponia alcanzó el papel. Nos fascinó contemplar la despiadada velocidad con la que, presa de un entusiasmo sólo comparable con el de un niño en una mañana de Navidad, la muchacha construía su particular impresión del Humilde Redactor.

Orgullosamente le das la espalda a las voces venenosas que te rodean. Siempre buscando la claridad, la lucidez, limpiando el mismo cristal una y otra vez, una y otra vez, como el de tus gafas cuando miras con rabia a la ya intoxicada noche de Altea. Bendita serenidad en la piel devorando a la condenada pasión entre los huesos. Ármate de tu mejor sentido del humor para aniquilar la amargura que aletea bajo las pestañas, y recarga siempre ese arsenal, y mañana dispara otra vez, y pasado dispara otra vez...


"Chus, ¿qué diablos haces? Te toca escribir una visión sobre mí".
Se giró con su inquebrantable sonrisa mientras se mesaba la barba. "Tendrá que ser otro día, Lars. Estoy algo ocupado con mi última digresión sobre la coexistencia social aplicada. Hazte un favor y escribe tú unas líneas para Pablollo."

De modo que me puse en pie y di carpetazo a toda aquella locura.

Muchacho, yo no sé qué sangraba el cielo cuando abriste los ojos por primera vez; y tampoco sé quién te ha enseñado a mirar así el vuelo de las golondrinas bajo el cielo de Altea. A veces creo que Calderón de la Barca tenía razón y que esto no es más que un sueño, un impredecible e indescifrable sueño, y tú no estás ahí sino que yo imagino que estás ahí porque, al fin y al cabo, necesito que estés ahí. Vayas donde vayas, camines por donde camines, hazme el favor de marchar con mi laica bendición. Tú, y también Lola, y Mostaza, y todos los que me habéis acompañado esta noche. Que nadie os diga jamás lo que debéis hacer. Que sean vuestras letras las que escriban por vosotros. Que la vida se rinda a vosotros hasta que hayáis llegado a su mismo tuétano. Salud, damas y caballeros.


Los primeros dedos blanquecinos del alba descendieron por el monte. Elevamos los ojos al cielo mientras el perezoso cántico de la hoguera moría bajo las mismas brasas que atestiguaban su fatua existencia. Las botellas de vino yacían desperdigadas a nuestros pies, derramando sus últimas gotas sobre la superficie muerta del páramo. Podía decirse, supongo, que era un nuevo día.

6 comentarios:

lalola dijo...

erudito de las letras.
me siento, con la mirada perdida, dejando a mi mente digerir tan bello texto.
dejando mi corazon latir de tanta perfección en tus palabras.

un gusto leerte, un placer.

pablollo dijo...

Me rindo, debo hacerlo, debemos hacerlo. Aqui termina todo, en la cumbre la efeméride sublime. Has definido a cada uno de nosotros metiendote en nostrosos mismos a través de lo que lees. y la verdad lo de sublime es en el sentido más Kantiano:me da miedo...
y de mi definición te encargas tú!!!

tú me dijistes "Qué bonito es el saber no tomarse en serio".
¿cómo me voy a tomar en serio si después de leer esto sé que me queda muchísimo para alcanzarte el reflejo de tu sombra.

Me has hecho llorar canalla

Aponia dijo...

(Boca abierta)

Lars dijo...

El placer es mío, chicos y chicas, por poder compartir este espacio con vosotros. Con vuestros textos conseguís que disfrute muchísimo, siempre.

Pablo: cuando leo tus poemas, te aseguro que me sucede lo mismo. Ya quisiera yo llegar al nivel de tus versos... como dijo Lola, aquí la admiración es siempre mutua.

Lalola y Pablollo... sé que habíais colgado unos textos recientemente, ¿dónde están? Iba comentarlos, pero para mi sorpresa se han "sfumatto"...

pablollo dijo...

gracias Lars, gracias por todo.
Ayer Lalola y yo llegamos a un acuerdo, basta de ponernos tristes y melancólicos pues ya está aqui el buen tiempo que acuna el mediterraneo.
Ayer Chus me dijo tu correo,para ponerme en contacto contigo, pero soy incapaz de recordarlo así que te dejo el mio:

poetarojo36@hotmail.com

P.D: Aponia ayer no pude disfrutar de tu presencia y de tus risas, pero te esperaré/esperaremos otro jueves. ok?

Aponia dijo...

Respecto a lo de la posdata, he estado toda la semana fuera de Altea, y una de las cosas que más he echado de menos es la chusteria... pero don't worry, que ya está surgiendo por ahí una quedada pendiente que incluye puros y todo! Nivelón!!!